sábado, 13 de junio de 2009

Como voy a ser yo...

Foto:JorgePozuelo. Gran Via Madrid

Cómo voy a ser yo quien llora, quien sufre y quien se lamenta.
Como voy a ser yo a quien señalan cuando salgo a la calle;
a quien ponen en boca cada vez que aparezco...

Todo lo veía tan lejos que,
cómo voy a ser yo quien tenga que llevar sobre mis hombros tanto dolor.
Cómo voy a ser yo a quien dan el calificativo de indigente,
cuando todo lo era, todo lo tenía.

Todavía recuerdo la primera vez. Esa primera vez que me hundió hasta la mas profunda decadencia.
Comenzó con un !pruébalo!_ no es malo.
Después siguió el !yo controlo!_cuando quiera lo dejo.
Ya no hay marcha atrás.

Cómo voy a ser yo quien se mira al espejo y no es capaz de verse reflejado.
Solo veo reflejadas mis miserias.

Estoy perdido y todavía no soy capaz de admitir que soy yo el que ha entrado a formar parte de las estadísticas de la drogadición.


Un día juegas con una pelota y al otro estás tirado en la calle muerto de asco.

domingo, 7 de junio de 2009

No he sabido escucharte.

Foto: JorgePozuelo. Maniquí
Escrito en una cafetería cualquiera de un lugar cualquiera.

Hoy era un día muy especial para mí porque iba a pasar la jornada completa con mi hijo desde que le internaron. Llevaba 3 meses sin poder verle ni llamarle. ¡Es lo mejor para la terapia! -me dijo el director de la clínica.
Mi hijo tenía 10 años y nunca me había separado ni un solo momento de él hasta que entró en aquel lugar.
Era un programa piloto para niños con deficiencia que hacía que su grado de autismo disminuyera considerablemente. Eso me aseguraron.
Un día de jornadas abiertas donde los padres visitan a sus hijos y ven sus progresos. Me temblaban las piernas cuando avanzaba por ese interminable pasillo hasta llegar a la habitación donde pasaba los días. Tenía tantas ganas de abrazarle que un hormigueo subía y bajaba por mi cuerpo impidiéndome respirar con normalidad.

Allí estaba sentado. Miraba por la ventana y no se movió ni un ápice al oírme entrar. Veinte segundos duró el abrazo. Luego le miré y me dí cuenta que estaba más crecido, pero había algo en sus ojos que me decía que las cosas no iban bien. Pensé que sería normal al estar tanto tiempo separados.
Fue un día muy especial para mí después de tanto tiempo. No dejé de decirle lo mucho que le quería y la de cosas que íbamos a hacer cuando saliera de allí.

Esa noche de vuelta a casa no puede dormir. Me venía a la mente esa mirada de desolación que yo entendí como normal. Tardé en conciliar el sueño hasta que una llamada me despertó de un sobresalto. El corazón me oprimía el pecho como si hubiera estallado de repente…

Cuando llegué era demasiado tarde. Mi hijo se había lanzado desde la azotea al vacío.
Pasaron los meses intentando dar respuestas a lo sucedido, pero nunca llegaban.
Un día hice las maletas y decidí largarme lejos para olvidar todo aquello. Compré la prensa y subí al tren. Del cansancio acumulado me quedé dormido y al abrir los ojos me fijé en la portada del periódico.

“Abusos sexuales a varios niños en un centro de terapia para autistas. Hay seis personas detenidas.”

Desde aquel momento, supe lo que mi hijo me quiso decir y no pudo…

Para los que muchas veces no sabemos escuchar...